Hoy por ser el Día Internacional de la felicidad, me he levantado con ganas de charla.
No sé si te pasa, pero yo voy acelerada veinticinco horas de veinticuatro que tiene el día. Desayuno con prisa, voy a los sitios pensando que llego tarde, aplazo cualquier tipo de plan que sea tranquilo...
No sé aburrirme. Casi no recuerdo la vida que tenía antes de redes sociales: ese espacio en blanco que había entre terminar los deberes y la hora de cenar. ¿A qué me dedicaba antes en mi tiempo libre? ¿Compraba pipas y me sentaba en un banco? ¿Miraba al techo tumbada en el sofá?
No todo es culpa de redes sociales, por supuesto, el estilo de vida que se maneja actualmente, no invita precisamente a "perder el tiempo". Yo siento que llego tarde a todas partes y cualquiera puede verme corriendo de un lado para otro a pesar de ir con media hora de antelación. Ya no sé ir caminando a los sitios, ni siquiera cojo el bus para no "perder" cinco minutos esperando en la parada o diez minutos más en el trayecto de lo que me costaría ir en coche.
Pero las redes sociales también marcan una pauta interesante sobre en lo que deberíamos usar nuestro tiempo libre. Si me sobran dos minutos antes de entrar a una cita médica, lo primero que hago es desbloquear el móvil, entrar a WhatsApp, Instagram, Threads y vuelta a Instagram (en ese orden) a sabiendas de que no tengo ninguna notificación nueva que atender o mensajes que responder.
Y entrar a Instagram sin notificaciones pendientes solo significa una cosa: consumir reels o stories. El combo mortal. Si ya siento que me agobio pensando en que llego tarde, no solo a los sitios, sino a la vida en general (que voy tarde, que todos a mi alrededor ya han hecho cierta cosa y yo mientras me encuentro en un limbo); imagina cuando entro a ver stories de la gente compartiendo fotos de su familia, pareja, mascota, vacaciones, comida, foto diaria del gimnasio...
Ya no solo hablo de la gente cercana, el agobio aumenta cuando entro a la comunidad bookstagram, donde hay un melón abierto todos los días con bookinfluencers, editoriales, ediciones de libros... Y eso solo lo relativo "al drama", que en realidad es la parte de la que más estoy desconectada; ya hablo de novedades diarias, eternas listas de to be read o gente leyendo 10 libros al mes...
Ah, y se me olvidada, las continuas comparaciones entre los miembros: ¿cómo hace para subir contenido todos los días, ir a la universidad, tener un trabajo, hobbies, vida social, comer y dormir? Y obviamente, mantener una comunidad de seguidores que le hace ir a eventos de editoriales.
Yo, os lo digo en serio, cada día me apetece más bajarme del barco. El contenido de consumo rápido, las estadísticas, las mil novedades editoriales que se publican al mes... a mí me agota. No sé el punto al que estamos llegando en el que se publica un libro hoy y en un mes ya no se considera "novedad editorial". Si no te subes al tren en ese momento, ya no formas parte de la tendencia.
Lo que también me lleva a: ¿cómo lo estarán gestionando les autores? Porque te encuentras autores que publican libro cada 4 meses. ¿Somos conscientes de la presión que deben tener también para que su nombre no caiga en el olvido?
Por eso, hoy me permito desconectar levemente de redes sociales (lo justo porque hay contenido programado y hay que difundirlo, y sí, yo también soy consciente de lo hipócrita que sueno ahora mismo) y disfrutar más de lo que pasa a mi alrededor de forma pausada: las nubes, mis gatos jugando, el campo verde (sí, hoy también empieza la primavera por si vives absorbido por el mundo virtual igual que yo).
Voy a permitirme ser consciente de todo lo que hago en un día y que me hace feliz sin darme cuenta. Como desayunar cereales, sentarme al sol en la terraza mientras se seca la ropa tendida y mis gatos juegan, mirar las hojas de los álamos que se ven desde mi ventana moverse con el aire, observar a los gatos callejeros que vienen a mi puerta a comer la comida que les dejo... Y sobre todo, ser consciente de todo lo que tengo a mi alrededor y la suerte que tengo de poder tenerlo.
Por eso, hoy Día Internacional de la Felicidad, yo te pregunto: ¿qué te hace feliz hoy?